05/05/13

La Percepción: Nikanash, la experiencia tolteka, por Frank Díaz y Vicente Valdéz

“Tenemos que hacer un esfuerzo -y eso es un principio tolteka- para salirnos del espejismo de los pensamientos, para salirnos de los que se llama el autoreflejo.
El autoreflejo es una imagen que nos hemos hecho del mundo, que parece ser muy bonita, muy armoniosa, pero no es la realidad, es sólo una imagen, y va a llegar un momento en que choque con la realidad.
La propuesta tolteca es estudiar específicamente la percepción, para a través de esta enfocar otros aspectos de nuestro ser. A diferencia de otras religiones de la tierra cuyo sacramento de pase es un rito, en la toltequidad la fórmula de pase es el ensueño. Si tú ya ensoñaste, ya tú perteneces a la comunidad tolteca, porque esta se basa en el esfuerzo de quienes intentan ensoñar. Recuerda siempre que la palabra ensoñar es equívoca pues hace que nos refiramos al sueño de la noche, cuando en realidad el sueño no es propiedad de la noche. En todo momento en que tú percibas estás en la naturaleza de un sueño, y puedes hacerlo consciente o dejar que siga siendo subconsciente.
Estando consciente, uno sale al mundo a crear, a construir formas, a darle forma al mundo, y eso se llama acechar. Es decir, ensoñar es darte cuenta que estás en la naturaleza de un sueño, -ya sea que estés dormido o despierto-, y acechar es decidirte a darle forma a ese mundo, a construirlo como a ti te parezca que debe ser correcto.
Ese el secreto de los grandes modificadores de la historia. ellos estaban conscientes de que la naturaleza del mundo es intersubjetiva, no objetiva. Eso significa que no hay objetos allí a fuera, sino un conjunto de definiciones, y nosotros podemos poco a poco y haciendo presión, cambiar las definiciones.“
Frank Diaz Yáok






04/05/13

Sobre el nagualismo…




“Un nagual es aquella persona que sabe manejar la energía 
y busca trascender los límites de la percepción.“
Julio Diana da Silva

Liberar la percepción no significa dejar de percibir, 
sino dejar de hacerlo a través del molde de la forma humana. 
La trascendencia de la forma humana se consigue diluyéndola 
en la intensidad vivencial del nagual.“
Frank Díaz



El nagualismo no es un camino espiritual cuya meta es la iluminación, sino un estrecho sendero cuyo propósito es la ampliación de la consciencia de forma infinita. Se le llama: el camino negro, y por eso la pequeña, escondida y enigmática puerta, está en lo más oscuro, en el vacío más profundo. Para encontrarla, hay que ir más allá de la luz, y dejar de deleitarnos con los brillos y colores del espejo.

Es difícil salir de la autocomplacencia y el regodeo en el “uno mismo“, rompiendo los límites del ego. Encandilan demasiado esos cantares de “todo es uno“, hasta el punto que nos atrapan en el anhelo de experimentar el éxtasis de ser un ego todavía más grande, que es ese gran UNO que con tanto gusto muchos proclaman como “verdad“: un ego glotón que se traga todos los demás y se erige como soberano único, aliado de todas esas palabras bonitas: éxtasis, felicidad profunda, goce supremo, unidad divina, quietud absoluta, etc etc...

Es sólo a partir de la negación del autoreflejo, cuando atravesamos la burbuja del yo y logramos percibir desde afuera. Entonces vemos que el “centro“ no es algo fijo, sino un punto en el que se encaja la percepción, y que éste se mueve continuamente. La clave está en entender que no existen tales cosas como “uno mismo“, o “alma“. Todo lo que hay es Percepción. 

Cada vez que este punto perceptual se mueve, se crea un mundo distinto, con diferentes niveles de vibración y por tanto nuestro viejo sistema interpretativo ya no nos sirve. En ese fluido estado, lo que se experimenta es que el centro está en todas partes donde se coloque la consciencia, y hay que intentar continuamente el movimiento de este punto para tener una percepción amplificada. Si se deja fijo mucho tiempo y lo asumimos como “verdad“, fabricamos un ídolo y nos ponemos a los pies de algún telón pintado del sueño.

En el nagualismo los pre-juicios no sirven de nada. Hay que experimentarlo todo, para entender realmente algo, porque querer interpretar la experiencia de otros a través de nuestro pasado, o simplemente a partir del puro raciocinio, reduciendo los infinitos niveles de consciencia posibles a un postulado tal como “todos los caminos llevan al mismo sitio“, en verdad nos guía hacia una pérdida de significado que justifica la falta de acción. En el camino naguálico lo importante es tomar decisiones e intentar ir más allá de manera incansable, en vez de casarse con explicaciones manidas. 

Si no nos zambullimos en el intento inflexible de la trascendencia, y nos quedamos complacidos con “lo alcanzado“, “lo comprendido racionalmente“, etc, entonces no estamos en el camino del nagualismo. El que no se reta a sí mismo a ir siempre más allá, se queda doblado de rodillas ante el autoreflejo, y es un devoto, no un guerrero. 

El nagual está comprometido con la batalla florida, y eso significa atravesar barreras de manera ilimitada, sobretodo plantando cara a la mente egoica, ese muro que se nos viste con tantos disfraces, ese espejo que nos seduce con tantas visiones...

Hay que mover el punto, dejar danzar el ojo. Morir de un sueño a otro sueño y renacer con la voluntad del que sabe atravesar mundos, espejos...

Un guerrero sabe que ya está muerto, y por eso da su corazón al completo en la batalla, sin dormirse con ningún cuento de paz. Siempre al acecho, esta fuerza es la única que le permite  empinarse hacia la totalidad.

María Villares


14/04/13

Los misterios del Nagualismo en Anawak (Chamanismo Americano)


La historia del nagualismo desde los períodos tempranos de la colonia. 


“Un nagual (o chaman) es aquella persona que sabe manejar la energía y busca trascender los límites de la percepción.“
Yei Tekpatl (Julio Diana da Silva)

Frank Díaz y Julio Diana nos llevan a un viaje por la historia del nagualismo o chamanismo americano, ofreciéndonos numerosas claves. Sus palabras nos permiten vislumbrar las profunda dimensión del conocimiento que ya se tenía en tierras de Anawak mucho antes de la conquista. 
Ante este hecho, sólo nos queda zambullirnos en el estudio de nuestras raíces,  y descubrir que esa información se ha transmitido a través de toda la existencia del hombre, y aún pervive en nuestros días. 
Ese vínculo es algo que no sólo se puede sino que se debe despertar, porque significaría llegar a ser a cabalidad un ser consciente. 
Después de oír estas palabras, sabremos que tenemos una cita, y es que estamos invitados a comprobar por nosotros mismos el secreto del nagualismo: trascender los límites de la percepción. (MV)

Compartido desde Planeta Anawak: Canal de TV Web de cultura y espiritualidad de la América antigua.

23/01/13

Tipos de sueños, por Frank Díaz

El Poder de lo Oscuro (Versión del cuadro de Magritte: “El Poder blanco“), por María Villares.

El principal sueño inconsciente - sueño oscuro - es ese al que llamamos "vigilia". Creerse despierto es indicador de lo contrario. El despertar comienza cuando uno comprende que no hay diferencia ontológica entre sueño y vigilia, porque lo que hace verdadera a la experiencia no es su formato, sino el acto de percibir.

Eso no significa, sin embargo, que toda percepción sea equivalente. Hay formas pasivas, subconscientes e involuntarias de percibir, y otras conscientes, activas y deliberadas. Estas últimas crean. El sentido de la realidad, para un ensoñador, descansa en la sensación de crear, no meramente en la de existir.

No hay diferencia ontológica o esencial entre sueño y vigilia. Lo que caracteriza, tanto a la vigilia como al sueño cotidiano, es que uno tiene la sensación de estar despierto. Puesto que esa sensación es la responsable de definir la realidad, podemos decir que, en realidad, no hay diferencia entre ambos estados.
Algo diferente es estar consciente de que uno está soñando, porque entonces uno es el soñador. Comienza uno dándose cuenta de que está soñando en el sueño, y luego, de que la vigilia es otro sueño. En ese momento, la palabra sueño pierde sentido y el concepto de realidad se redimensiona: ya no se aplica al efecto pasivo de percibir, sino al acto de controlar la percepción.
Trabajar con los conceptos de percepción y ensueño es como caminar por una cuerda floja. Tal acto es posible, pero hay que aprender. Si sientes que vas a resbalar, desconecta el diálogo interno. Es preferible no pensar, a permitir que la mente nos regrese a rutinas conceptuales.
La vigilia, junto con el sueño amodorrado, son el último estrato de una serie de densificaciones. Por encima está el sueño lúcido - verdadera trampa en que podemos perder la vida, precisamente porque nos da la sensación de estar por encima de lo cotidiano. Ensueño es lo que queda cuando uno se niega a seguir cediendo a apariencias.
En términos prácticos, podemos decir que ensueño es tomar un control. Pero lo que ocurre, en realidad, es todo lo contrario: deja uno de seguirse aferrando a definiciones, al sentido del yo y a la historia personal. Se deja uno fluir por los caminos de la conciencia. Por eso, tras ensoñar, despertamos con energía.


30/12/12

“Sueño o Vigilia“

Imagen: “Mayapapalotl“, por Maria Villares

Carlos tenía una gran habilidad para conducir las conversaciones hacia el lado práctico. A pesar de la extraordinaria agudeza de su intelecto, le repugnaba que sus charlas derivasen al plano de las especulaciones. Muchas veces pude atestiguar el modo ingenioso y rotundo con que se deshacía de los interlocutores más rígidos, enfrentándolos al tema de los resultados. En mi caso, su método para acallar mis ataques de raciocinio era reducirlo todo a una proposición inmediata y, según él, nada difícil: el control de los sueños. Sin embargo, el ensueño era para mí el aspecto más duro de su enseñanza. En primer lugar, porque no podía diferenciar entre los conceptos de "sueño" y "ensueño", que para un brujo son completamente diferentes. En segundo, porque la idea de enfrascar mi atención en el dormir, en lugar de hacerlo en el despertar, era contraria a todo lo que había aprendido en mi búsqueda filosófica. Ambas consideraciones, completamente apresuradas, hacían que esquivase el ensueño, sin proponérmelo jamás como una posibilidad auténtica y al alcance de mi mano. Siempre que le escuchaba hablar de ese asunto, me llenaba de aprensión y me justificaba aduciendo para mis adentros que un tópico tan irracional, ni siquiera valía la pena analizarlo. 

Esa tarde me preguntó cómo andaba mi práctica. Le confesé que mis prejuicios me habían impedido enfrentarla con decisión y, por supuesto, no había obtenido ningún resultado positivo. Comentó: "Quizás no has tenido buena suerte. Mi maestro decía que cada ser humano trae su propensión de nacimiento. No todos somos buenos  ensoñadores, algunos tenemos mayor facilidad para el acecho. Lo importante es que insistas." Pero sus palabras no me consolaron. Comencé a explicarle que mi incredulidad parecía más bien consecuencia de algún bloqueo mental implantado en mi más temprana infancia. El no me dejó terminar; haciendo un gesto imperativo con la mano, replicó: "No has hecho lo suficiente. Si te haces el propósito de no comer o no pronunciar una sola palabra hasta que ensueñes, ¡ya verás lo que pasa! Algo en tu interior se ablanda, el diálogo cede y... ¡cabum!." "Ten en cuenta que, para ti, ensoñar no es una opción, es algo básico. Si no lo consigues no puedes continuar en el camino." Alarmado con estas palabras, le pregunté: "Pero, ¿qué tengo que hacer para lograrlo?" "¡Querer hacerlo! -me respondió-. Es tan simple como eso. Estás exagerando la dificultad del ejercicio. El ensueño está abierto a todo el mundo, pues, en su grado inicial, apenas requiere el mínimo de deliberación que hace falta para aprender a escribir a máquina o a conducir un auto." Le comenté que se me hacía muy difícil entender cómo puede el manejo de los sueños llevarnos al despertar interno. El observó: "Te confundes con las palabras. Cuando los brujos hablan de soñar y despertar, esos términos no tienen nada que ver con los estados fisiológicos que tú conoces. Yo no tengo más remedio que usar tu lenguaje, porque de otro modo no me entenderías. Pero si tú no pones de tu parte, dejando de lado los significados cotidianos y tratando de penetrar en el sentido de lo que te digo, entonces nunca vas a salir de tu estado de suspicacia." "Sólo te puedo garantizar que, una vez que deseches la flojera que te impide enfrentar ese reto y acometas el ensueño directamente, sin titubeos, tu enredo mental se aclarará por sí mismo." Me disculpé por mi terquedad y le pedí que me dilucidase nuevamente el significado del ensueño. En lugar de enfrascarse en una explicación teórica, que era lo que yo deseaba, Carlos me puso un símil. "Imagínate un creyente empedernido, de esos que no pueden hacer nada sin pedirle antes permiso a su dios. Una vez que se duerme, ¿qué es lo que pasa con sus convicciones, a dónde van?." No supe qué responderle. El continuó:"Se apagan, como la llama de una vela al viento. En el sueño no eres dueño de ti. Tus visiones son burbujas aisladas, sin conexiones entre sí y sin recuerdo del yo. Por supuesto, la fuerza de la costumbre te llevará casi siempre a soñar que eres tú mismo, pero igual puedes ser un valiente que un cobarde, joven o viejo, hombre o mujer. En verdad, eres sólo un punto de encaje que se mueve al azar, nada personal." "Para el hombre común, la diferencia entre estar despiertos y dormir es que en el primer estado su atención fluye con continuidad, y en el segundo, en forma desordenada; pero, en ambas experiencias, el grado de participación de la voluntad es mínimo. La persona despierta ahí, donde siempre, se pone su personalidad como una camisa y sale a cumplir con sus tareas de rutina. Y al dormirse se desconecta de nuevo, porque no sabe que puede hacer otra cosa." 


"La vigilia cotidiana no nos deja lugar para detenernos y preguntarnos si este mundo que estamos percibiendo ahora es tan real como parece. Y lo mismo cabe decir del sueño ordinario; mientras dura, lo aceptamos como un hecho indiscutible, nunca nos proponemos recordar dentro del sueño alguna orden o acuerdo pactado en la vigilia." "Pero existe otro modo de encauzar la atención, y a su resultado ya no podemos llamarle 'sueño' o 'vigilia', porque parte de un uso deliberado del intento. Lo que ocurre ahí es una toma de conciencia, y da igual que estemos dormidos o despiertos, porque es algo que trasciende ambos estados. ¡Ese es el verdadero despertar: adueñarnos de nuestra atención!." "La enseñanza tolteca enfatiza el ensueño. No importa cómo se le describa, su resultado es convertir el caos perceptivo de un sueño común en un espacio práctico, donde podemos actuar inteligentemente." "¿Un espacio práctico?" "Así es. Un ensoñador se recuerda a sí mismo en cualquier circunstancia. Siempre tiene una contraseña a mano, un pacto con su voluntad que le permite alinear en un microsegundo el intento del guerrero. Puede sostener su visión, sea la que sea, y regresar a ella cuantas veces quiera para explorarla y analizarla. Y lo que es mejor, puede darse cita en esa visión con otros guerreros; eso es lo que los brujos llaman 'acechar en el ensueño'." "Esta técnica nos permite proponernos objetivos y dar seguimiento a los actos, tal como lo hacemos en el mundo cotidiano. Podemos resolver problemas y aprender cosas. Lo que aprendes allí es coherente, funciona. Quizás no puedas explicar cómo te llegó ese conocimiento, pero ya no lo olvidas." Le pregunté a qué tipo de conocimiento se refería. Me respondió: "La vida se aprende viviéndola. Lo mismo pasa en el sueño, sólo que ahí aprendemos a ensoñar. Pero, por el camino, se nos pegan a veces otras habilidades. Don Juan, por ejemplo, solía usar su cuerpo de ensueño para buscar tesoros ocultos, cosas enterradas de cuando la guerra. El producto de esas operaciones lo invertía en diversos rubros, como petróleo, plantaciones de tabaco..." Debí reflejar en mi rostro un gran asombro mezclado de incredulidad, porque él exclamó: "¡No es tan extraordinario! Todos podemos realizar hazañas semejantes; ¡ni siquiera es difícil comprender cómo sucede! Imagina que alguien te enseña un idioma nuevo mientras duermes, el resultado es que aprendes esa lengua y puedes recordarla cuando despiertes. Del mismo modo, si atestiguas algo en ese estado, tal como un objeto perdido o un evento que esté ocurriendo en otro lado, puedes ir y verificarlo después; si es tal como lo soñaste, entonces fue un ensueño." "El aprendizaje dentro del sueño es un recurso muy usado por los brujos. Yo aprendí mucho de plantas en esa forma y aun lo recuerdo todo." "No menosprecies tus recursos. Todo lo que el espíritu ha puesto en nosotros tiene un sentido trascendente. Eso significa que los sueños están ahí para ser usados; si no fuera así, no existirían. Las técnicas que te he descrito no son  especulativas, las he comprobado personalmente. El arte del ensueño es mi mensaje a la gente, ¡pero nadie me hace caso!." Al percibir el tono de tristeza con que Carlos hizo esta última observación, de pronto se me hizo patente la insoportable timidez de mi imaginación. Durante años, incansablemente, él nos había estimulado para que acrecentásemos nuestra visión, no por un interés egoísta, sino por el placer de transmitirnos su estado superior de conciencia. ¡Y yo, regodeándome en mis creencias de trasmano y mis dudas habituales!. Quise solidarizarme con él. Me levanté de la banca con la intención de apretar su mano, agradecido. Estaba a punto de prometerle algo, pero él me detuvo. "Mejor no digas nada, ¡no pierdas tu tiempo! Quizá no sea tu destino el ser un brillante guerrero volador, pero no tienes excusa. Como todos, tú también estás espléndidamente habilitado para ensoñar. Si no lo consigues es porque no quieres." 

Extracto del Libro: Encuentros con el nagual. Conversaciones con Carlos Castaneda, de Armando Torres.

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